Soy Ileana. Bienvenidos. Hace muchos años conocí al que llegó a ser mi maestro.

Tener un maestro te obliga a cultivar la voluntad y la disciplina. Porque cuando uno quiere convertirse en un mago, o en maestro de uno mismo, necesita autotransformarse, y esa autotransformación requiere cambios y los cambios a veces no son fáciles. Recuerdo que él decía que la disciplina daba libertad. Suena paradógico, pero es cierto. Cuando tenés disciplina, la vida se vuelve más fácil.

En realidad, la vida es fácil. Lo que pasa es que hacen todo lo posible para que te resulte difícil. Y una de las cosas que nos vuelve difícil la vida es el dinero. Para vivir no necesitamos mucho, pero nos han programado para pensar y creer que se necesitan muchas cosas. Entonces caemos en un frenesí por conseguir lo que creemos que es indispensable para la vida. Y corremos para tener y tener. Buscamos tener la mayor cantidad de dinero para consumir la mayor cantidad de cosas. Y así aparentarle a los demás que no nos falta nada.

Mi maestro decía que no solo debíamos procurar ser buenos, sino que además debíamos de aparentarlo porque mientras el mago disfruta la realidad de la vida, los demás sufren las apariencias… y, qué quiso decir él con estas palabras?

El mago sabe que puede afectar a las cosas y por supuesto que las cosas pueden afectarlo. Y si él puede afectar a las cosas, quiere decir que puede cambiarlas.

El mago puede cambiar la realidad porque el mago sabe que la realidad que vivimos, que nos sostiene, es una cuestión mental.

Los que no están en el camino de la magia sufren las apariencias porque creen que la realidad es material, concreta y que no se puede modificar. Que lo que perciben, que lo que aparenta ser real, es la realidad. Pero no es así.

Pero volviendo al tema, recuerdo unas palabras de Francisco de Asís: necesito pocas cosas, y las pocas cosas que necesito, las necesito poco.

Hubo un tiempo en mi vida en que vendí todas mis cosas y me quedé solo con mi computadora, mis papeles y mi ropa. Me había quedado sin trabajo porque estábamos iniciando el 2008 y ya sabemos lo que pasó: los bancos internacionales tendieron la mano pidiendo dólares y empezó una crisis.

En lo personal, esa crisis creada por los bancos me afectó demasiado. En ese entonces, yo tenía dos programas en un canal de tv pequeño en CR. Trabajaba como productora independiente, pagando un alquiler al canal por el espacio y aparte tenía que producir y entregar al canal el programa listo, todas las semanas.

La forma de generar ingresos era mediante la pauta publicitaria y como no pude conseguir anunciantes, me suspendieron y quedé con una deuda enorme con el canal y otra por la producción.

Entonces, empecé una aventura de vivir en hoteles y apartoteles. Ofrecía mis servicios como productora y les hacía un video que canjeaba por una habitación. Cuando se acababa el canje buscaba otro hotel. En realidad, fue bonito. Me llegué a sentir muy libre. Cero ataduras. Pero también fue por esa época que empecé a comprender que el dinero puede llegar a ser un arma que divide y mata.

Empecé a darme cuenta de que en este planeta, los humanos éramos la única especie que tenía que pagar por vivir en él.  Empecé a ir de comprensión en comprensión. Empecé a hacerme consciente de la realidad de esclavitud económica en que vivimos. Comprendí las palabras de Francisco de Asís. Entonces me pregunté: qué necesitamos para vivir?

Necesitamos un hogar, alimento, amor, movimiento para mantenernos vivos, información veraz, acceso a la información, necesitamos decidir lo que vamos a hacer ahora que tenemos la información, y necesitamos actuar para cambiar la vida. Para vivir para nosotros y por nosotros, sin ser esclavos de nada ni nadie.