Jared o el triste y largo camino de los niños y las niñas

ileanachacon

Hoy que iba para el supermercado, pude ver de lejos a un niño que era vecino mío. Jared. Jared tenía 4 años cuando lo conocí. Era muy despierto. Muy inteligente.

Un día se me acercó y me preguntó si mis hijos eran pequeños como para jugar con ellos. “Ay, Jared, le contesté, eso es algo difícil porque mis hijos ya están grandes” “Están en la escuela? No importa. Tal vez quieren jugar”…

Y yo le dije que no estaban en la escuela. Ni en el colegio. Que eran mayores y andaban en el trabajo y que posiblemente él se aburriría con ellos porque ya no sabían jugar.

Me contó que estaba en el kínder y que no le gustaba su nombre.

Otro día, escuchando a su mamá, con mucha tristeza comprobé el absurdo del sistema educativo que nos aprisiona. La educación en este país, y también del mundo entero.

Yo le contaba con sincera admiración que cada vez que nos encontrábamos, hablábamos mucho y de muchas cosas. “Debe tener muchos amigos en el kínder”, le dije yo

“Sí, es muy hablantín, me dijo la mamá, pero con los grandes. Con los de su edad es muy tímido y no tiene amigos”. “Y no le gusta el nombre que tiene, continuó, porque no es un nombre común.

Claro, pensé para mis adentros, si se llamara Carlos, o Daniel, o David, sería más fácil sentirse parte de los demás. Jared es un nombre en otro idioma… Y me puse a pensar en que a veces los niños son crueles entre ellos y muy posible que se burlaron de su nombre. Pero no dije nada.

La mamá siguió contándome que le iba muy bien en el kínder, que aprendía muy rápido, pero que se sentía solo.

Y yo le pregunté si la maestra lo ayudaba a socializar. Ella se encogió de hombros.

Pensé en el largo camino, en el triste camino que le esperaba. De acuerdo, puede ser valioso saber algo de geografía, de historia, aunque bueno, ahora sé que todo lo que nos han enseñado ha sido manipulado y nos han ocultado muchas cosas. Pero sigamos. Saber de matemáticas, de ciencias, puede ser valioso, pero es importante, es urgente, que en las escuelas y en los colegios nos enseñen a perder la timidez, a hacer amigos, a vivir con los demás, el amor y todos esos valores humanos que nos van a ayudar tanto a crear nuestra propia escala de valores personal. Por lo menos que mientras nos atiborran de conocimientos nos ayuden a subir la autoestima. Que estimulen más nuestra creatividad.

Debería de haber un espacio para que los estudiantes hablen de sus miedos, de sus deseos. De su soledad. Yo recuerdo a la profesora guía de mi colegio en mi adolescencia. En lugar de ayudarme a superar mi soledad y timidez, más bien me hundió más en la soledad.

Siempre se ha dicho que esos espacios le corresponden a la familia, pero muchas veces los padres, lo que saben, no lo saben de forma asertiva y trasmiten lo que aprendieron de sus padres. Trasmiten sus miedos, sus odios, sus deseos y de esta manera van formando a sus hijos. No es su culpa. Es la culpa del sistema establecido, que lo único que quiere de nosotros, no es nuestro bienestar, sino mantenernos quietos y atentos a sus sugerencias de consumir, de obedecer, de ir a donde nos lleven. Entonces las personas lo único que aprendemos es a angustiarnos si no nos alcanza el dinero para llegar a fin de mes.

El sistema establecido…

Este sistema que pretende que las personas seamos como ladrillos iguales que forman una pared.

Las personas que fallan integrándose a esa pared, porque son diferentes, entonces son excluídas.

Las personas que somos diferentes, que no encajamos en la pared, generalmente tenemos la capacidad de observar, de analizar, de llegar a conclusiones.

Las personas que no encajamos en la pared somos el síntoma de que algo anda mal con lo demás. Para el sistema, somos un problema.

Las personas que están a cargo de que el engranaje de las instituciones camine como se debe, hacen lo que se espera que hagan: mantener todo sin cambios por el bien de las instituciones.

Cada una de las instituciones, llámese salud, educación, justicia, familia, clase social, funcionan para su propio bien no para el bien de las personas a las que supuestamente sirve y apoya. Porque la realidad es que todas ellas le rinden culto al sistema económico y el sistema económico es nuestro dueño.

La palabra economía entonces es contradictoria. Economizar significa ahorrar pero para que este sistema monetario no se muera, todos tenemos que consumir. Somos esclavos económicos que tenemos que comprar, consumir y botar. Una y otra vez. Y en este círculo vicioso no hay espacio para los valores humanos, ni para las personas que se sienten solas y quieren encontrar a alguien que quiera jugar. Estas personas aprenden luego que lo que importa en este medio es cuánto tienes, cuánto vales, cuánto consumes. Cuánto botas.

Ser, para este sistema, es un asunto que le concierne a los poetas que pueden llegar a morir de hambre porque sus asuntos no son mercadeables.

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