Nacemos sin conciencia de nosotros mismos. La madre es la encargada de introducirnos en la sociedad. Lo hace por medio del lenguaje y las prohibiciones. Según Lacan.

Hay quienes equiparan a la madre con una informante que "informa" al sistema de la existencia de un nuevo ser humano. Esto sucede en el momento en que en el hospital la visitan los funcionarios del registro civil y ella declara y firma el nacimiento. Se dice que tenemos dos nombres. Uno escrito en letras mayúsculas y otro escrito de forma corriente. Pero eso es otro tema.

Hoy el tema es hablar del sí mismo.

Las palabras de la madre y sus prohibiciones se convierten en oráculos que contribuyen a crear la personalidad.

Recordemos que una persona equivale en griego a una máscara. Una máscara esconde al ser verdadero.

Nosotros elaboramos esa máscara con el gran esfuerzo de la represión para poder interactuar con los demás, con el entorno y con nosotros mismos. Esa máscara es la que va a determinar en gran medida el rol que vamos a asumir en nuestra vida. Eso es todo.

Pero la base de toda esta construcción se encuentra en la madre quien nos dice lo que está bien y lo que está mal. Luego, nos entrega al sistema y nos institucionalizan.

Eso sucede a nivel externo. A nivel interno, a nivel de la psique, estamos a merced de los arquetipos durante todo nuestro desarrollo. Cada uno de estos arquetipos se activa dependiendo de la fase del desarrollo por la que vamos pasando.

La Madre, el Padre, el Anima o Animus, el Bien, el Mal, la Persona, el Héroe...

Seguimos personas a quiénes consideramos héroes toda nuestra vida. Hasta que nos hacemos conscientes de nuestra propia fuerza. Entonces el Héroe es interiorizado y realmente es la conciencia.

Cuando nos hacemos conscientes las imágenes externas desaparecen para dar lugar a una sola imagen: el símismo.

Entonces ocurre el proceso de nacimiento de un ser verdadero. Nuestra esencia, el símismo, el Self. Es el proceso de individuación que necesita al ego que está dentro de la persona para manifestarse.

El sí mismo es más grande que el ego de la persona, pero necesita que este lo descubra. Jung dice que el Self ama ser descubierto.

Esta esencia que nos trasciende puede estar dentro y al mismo tiempo ser una proyección de afuera y arriba. Es en realidad el doble cuántico que reside en otro tiempo, en el pasado y a diferente velocidad. Que puede viajar al futuro, pero para regresar al pasado necesita el presente para poder viajar.

El doble o símismo se comunica con nosotros a través del agua de nuestro cuerpo y los dos, el símismo y nuestro ego necesitamos del futuro para vivir.